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ALIMENTACIÓN      

NUTRICIÓN Y ESTADO MENTAL

Los aspectos importantes de una correcta nutrición no están en función del control de la calidad de los alimentos, ni del control de las colorías que aporta cada uno de ellos, ni de los "añadidos" que contengan de vitaminas, minerales, oligoelementos, encimas, etc.

La clave fundamental está en contemplar "la peculiaridad concreta del individuo en cuanto a su constitución orgánica y fisiológica", donde habrá que tener muy en cuenta su condición actual y lo que ésta actualidad exige de contemplar como factores más importantes a tener en cuenta.

Esto quiere decir que, si no sabemos apreciar cuál o cuales son sus órganos que precisan de una atención actual primordial, incluso lo que pudieran ser los mejores alimentos podrían hacer agravar su estado, pues cada tipo de alimento estimula unos órganos y funciones y debilita otros y otras, siendo así cómo el saber el órgano más prioritario a restablecer es lo más fundamental, sobre todo en casos de afecciones agudas agobiantes o las crónicas que se deseen evolucionar.

Pero una cuestión muy importante en esto, es que no tiene por qué ese órgano clave prioritario verse aparentemente relacionado con el síntoma que achaca a la persona. Y de aquí la importancia del sistema de chequeo que se utilice, y también de los conceptos sobre Fisiología orgánica y mental que se barajen.

Lo que a unas personas puede dar extraordinaria salud, a otras las puede enfermar o dañar, siendo por esta razón que se ha desarrollado el desconcierto general reinante en materia de nutrición. Y no sólo en Nutrición, sino también en todo lo concerniente a Salud y Enfermedad.

Las Ciencias Médicas se siguen aún empeñando a la Especialización; es decir, en seguir ahondando en el escudriñamiento de órganos y funciones por separado, y cada vez más se genera en el profesional el desconocimiento hacia la estructura global de lo que es en sí una persona humana. Y esto, precisamente, es lo que distancia a la profesionalidad ortodoxa (la que generalmente consigue oficializarse) de la eficacia de sus pretensiones en el orden social.

Basar un sistema social y, sobre todo, una Sanidad, en factores de consumo y no de vida natural o asequible de modo natural, no puede dar otro resultado que el existente. Pero en la libertad de cada ciudadano está, al menos donde exista una Ley, como por ejemplo la Constitución Española, donde se establezca el  "reconocimiento y protección de los derechos:  *a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica (art. 20),  *a la libertad de cátedra (art. 20), y  *a la libertad de enseñanza (art. 27)",  el acudir a otras vías alternativas que procuren incidir en la Salud social, si bien éstas no suelen estar apoyadas en lo económico por los sistemas de seguridad social que atienden la Salud, con cuyo apoyo sí consiguen subsistir los criterios ortodoxos y todo el mercantilismo creado en su entorno.

Pero esto no es algo que nos deba preocupar mucho, pues para el que sepa responsabilizarse de su vida y no dejarse someter constantemente por directrices externas a sí mismo, basta que se lo proponga para que encuentre un acceso a las posibilidades de dar mejor rumbo a sus situaciones personales. Aunque, eso sí, debe saber que eso implica "responsabilidad de sí mismo", es decir, que no tiene ahora que seguir queriendo ser el mismo, con sus mismas inercias, y que haya otros que le procuren la "píldora" que le evite tener que tener presente otra cosa que no sea el seguir siendo lo que quería ser y hacer.

Querer mantenernos en nuestra inercia personal, sin replanteamientos que comprometan a nuestro proceder instintivo, conlleva la necesidad de ingerir elementos químicos que traten de acallar las demandas de nutrientes (alimentos, acciones y situaciones) que le formulen subconscientemente los órganos, vísceras, funciones, glándulas, sistemas, etc., que no intervienen en "ese querer ser y hacer".

¿Y qué tienen que ver los órganos del cuerpo con nuestras capacidades de ser y de hacer?

Pues esto es lo que voy a ir exponiendo a continuación, aparte de lo que sobre ello se comenta también en otros documentos.

La Personalidad Humana de un individuo no se constituye en un modo único de ser. No somos extrovertidos o introvertidos, torpes o inteligentes, habladores o callados, emocionales o cerebrales, idealistas o pragmáticos, responsables o evasivos, etc.

Al igual que en un Sansón musculoso existen los mismos músculos que en una persona enquencle, sólo que de forma muy distinta en sus desarrollos, así  la personalidad humana es un conglomerado de valores psíquicos, donde varios de ellos se sitúan en pugna de protagonismo sobre los otros,  sus antagonistas. Pero todos ellos están presentes, más o menos activos o más o menos bloqueados o marginados.

Una distribución esquemática organizada de tendencias o cualidades básicas de una personalidad, podría ser lo que expresa la parte izquierda del esquema siguiente:

Relación:    Órganos - Valores psíquicos

Cada Cuadrante de los que contiene el esquema expresa cada una de las cuatro, podríamos decir, "Dimensiones de una Personalidad". Es decir, los aspectos Material, Sensorial, Intelectual y Sentimental de donde brotan las tendencias de esos valores estructurales humanos. Dimensiones expresivas del logro evolutivo filogenético alcanzado por el Ser Humano.

Nacemos con unas tendencias de inercia psíquica concreta, marcada por nuestra “genética personal”; pero sobre estas tendencias podemos actuar desde nuestra Voluntad si conocemos el entronque, ubicación o relación que cada una de esas tendencias (lo expresado en el esquema) tiene con las diferentes Vísceras corporales, así como de qué manera las diferentes cualidades químicas de los alimentos que ingerimos actúan sobre dichas vísceras y, por consiguiente, sobre cada valor de la psique. Así, con nuestra nutrición diaria vamos marcando la pauta de los predominios de nuestro comportamiento.

La correlación estructurada que ofrece el esquema, expresa tanto la tríada de valores complementarios que constituyen a cada Dimensión, como de qué manera se estructuran cada uno de ellos con los que constituyen a las otras Dimensiones.

¿Cómo pueden pues los Alimentos
condicionar nuestro estado Mental?

La química predominante que poseen los diferentes alimentos, estimula o debilita, según los casos, la actividad de las distintas vísceras y glándulas del cuerpo, lo cual hará intervenir de una manera u otra a las distintas estructuras cerebrales, entre las que existen tanto complementariedades como también ciertos antagonismos.

Cada alimento posee una cualidad química diferente, y ésta nos permite alimentar o estimular el mantenernos en una actitud específica de ser o de comportarnos. En la creencia de alimentar nuestro cuerpo, lo que realmente estamos alimentando es la actitud mental en la que tendemos a estar.

En el esquema (anterior) de la derecha, represento las principales significaciones de las correlaciones de doce órganos claves y doce facetas del comportamiento. De tal manera es esta correlación, que afecciones importantes a alguno de los órganos expresados, darían como consecuencia dificultades importantes a dar vida a los valores psíquicos asociados o, en todo caso, a llevar a estos a modos de expresión o intervención inapropiados, ineficaces o degradados.

En la medida que estimulemos a uno de esos elementos orgánicos, así podremos actuar en la facultad vinculada con cada uno de ellos. Y lo que sea fuerte (en lo orgánico) ya en sí en nosotros, a nivel de eficacia de funcionamiento, su valor psíquico asociado actuará con fuerza en nosotros.

También podemos tratar aquí un organigrama especial, en el que entran sólo cinco elementos, que resulta tremendamente útil y fácil de aplicar, asociando a los elementos más puntuales de nuestro Cuerpo-Mente. Es el siguiente:



El esquema muestra cinco órganos (y otros cinco asociados), cinco elementos químicos y cinco sabores, y a la derecha se indica de qué manera afectan éstos a cada órgano. Si bien la idea sobre este esquema de pentagrama me llegó en la época de mis antiguos estudios sobre Medicina Oriental, mis investigaciones personales me hicieron tener que operar ciertos cambios de ubicación en distintos elementos de los que figuran en los vértices de los grupos que se asocian. Por tanto, no debe asociarse con lo tradicional de aquella.

El elemento químico (bioquímico y no químico inorgánico o degradado) es el que precisan ( ^   ), para su correcto funcionamiento, los órganos de las puntas cercanas de la estrella, afectando negativamente (   > l ) a los colaterales de éstos; y respecto al órgano del otro lado (  X ) del diagrama, cuando éste tiende a una hiperactividad, el elemento opuesto actúa de sedante o normalizador, pero a muy pequeñas dosis actúa como estimulante. La figura de la derecha, referida en ella al Mg., al Na. y a lo Salado, respecto de Corazón y sus colaterales, debe llevarse también a los demás órganos o vértices del pentagrama.

Un caso práctico sobre esto es el siguiente: El Sodio (Na), situado entre las puntas del Corazón y del Estómago, es el elemento químico que no puede faltar para la función de esos dos órganos, aunque en exceso produzcan lo propio de ello, taquicardia en el Corazón y excesiva secreción clorhídrica en el Estómago, con posibilidad de originar úlceras gástricas o duodenales. A los órganos colaterales del Corazón y Estómago, es decir, al Hígado y al Pulmón, la sal sódica resulta un factor inhibidor de sus funciones, pudiendo llegar a dañarlos fisiológicamente. Y respecto al órgano del vértice opuesto, el Riñón, cumple dos funciones aparentemente contradictorias. Por una parte, en consumo o uso abundante, esa sal puede llegar a ocasionar retención excesiva de líquidos en el cuerpo, para tratar de contrarrestar, entre otras cosas, las propias influencias de ese mineral en lo celular (genera calor y acumulación sanguínea). Y por otra, en muy pequeña dosis, como por ejemplo la que pueda contener un trozo de pan, tiende a provocar la diuresis (la necesidad de orinar) en organismos que internamente se mantienen a baja dosis de sodio, sin cuyo mineral puede llegar a estar también seriamente comprometida la función renal.

Cada uno de los demás elementos químicos que figuran en el esquema, si bien la idea global que expresa el caso del Sodio se puede hacer extensiva a ellos, hay que tener en cuenta también algunos matices derivados de la propia estructura y tipo de función que desarrollan los diferentes órganos, pues así como un exceso de sodio puede llegar a producir un infarto, es decir, una parada funcional del Corazón, también un exceso de Calcio puede originar una neutralización excesiva de los jugos gástricos y bloquear la acción gástrica. Pero, sobre todo, donde más interesa ver esas influencias de la química nutricional, es en los niveles del comportamiento o psique de la persona, donde los matices adquieren informaciones muy valiosas.

Referente a los Sabores, el propio de cada órgano es el clave para la actividad de éste; pero ojo, que en mucha cantidad se excedería de función, afectando acusadamente a las funciones de su órgano precedente y al situado en el punto opuesto entre estos dos. Lo picante, por ejemplo, estimula mucho al Pulmón, pero debilita la función del Estómago (precedente en este caso) y del Hígado (opuesto a estos otros dos). Cada sabor en concreto, estimula también al órgano siguiente (en el caso de lo picante, se estimularía también el Riñón). Aquí, como vemos, las relaciones de influencia son diferentes a lo que especificaba respecto de los elementos químicos, con quienes puede haber identidad de contenido, como el caso de lo salado y la sal sódica, pero no así necesariamente con otros.

Teniendo en cuenta esto anterior, pienso que se entenderá suficientemente lo que expresé en un principio de este Tema sobre la importancia de conocer sobre qué estructura orgánica se trata de incidir; si sobre una persona con problemas de Estómago, pero con un Hígado fuerte o uno débil; o hacia un problema Respiratorio con un Estómago sensible, o un Bazo no eficiente, etc.

Con ello no trato de poner la cosa demasiado complicada para el conocimiento de la dieta oportuna para una persona, pues todo es cuestión de preocuparse un poco en adquirir los conocimientos que ya se han ido alcanzando en ello. Lo que sí pretendo es hacer ver las perspectivas de ineficacia que acompañarán a los sistemas que no contemplen la peculiaridad concreta de cada persona en todos los aspectos que deba ser tenida en cuenta.

Estamos acostumbrados a que el organismo o cuerpo físico sea tratado como una máquina, al cual le echamos alimentos como si fuera simple combustible que haga funcionar su mecanismo. Y así le luce el pelo a esta humanidad, que piensa que el ser humano es "un ser omnívoro", es decir, que puede comer de todo, pues a pesar de eso anda.

Por supuesto que podría ser omnívoro si lo contemplamos desde la diversidad de hombres que pueblan la Tierra. Pero si nos paramos en analizar a cada individuo, unos no tienen la capacidad digestiva gástrica de otros, ni las capacidades hepáticas, ni las renales, ni las pancreáticas ni las salivares, etc. Y el no saber definir a cada cual  - pues la ciencia que podría hacerlo está aún entretenida en la nomenclatura (catalogación, especificación y control) de los "bichitos" (virus, bacilos, bacterias, microbios, gérmenes, etc.) que por sabiduría de la Naturaleza deben intervenir en cada condición de degradación de lo orgánico- , nos mantiene en criterios de Calorías nutricionales, o de Porcentajes de proteínas, hidratos, etc., o de consumo de Leches "maternizadas", etc. etc., que hacen el agosto a los que saben comercializar sobre la ignorancia y las necesidades primordiales humanas.

Conociendo la química predominante en los diferentes alimentos de posibilidad de uso diario, así como de qué manera estimula aquella a cada órgano en particular, si lo llevamos a lo que expresa la figura de "Relación: Órganos - Valores psíquicos", podemos trabajar con la alimentación nuestros valores psíquicos. No obstante todo esto, el echar mano de la información que otros documentos elaborados para esta Web, tales como "Cerebro y Vísceras", "Fisiología" y "¿Existe el Vampirismo?", por ejemplo, pueden ayudar a concretar sobre los aspectos de la Nutrición y las Aptitudes y Actitudes de nuestra Mente.

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AFECCIONES  DIGESTIVAS

Las afecciones digestivas las dividiremos en
Estomacales (gástricas) e Intestinales.

Las primeras van a depender de la cualidad de las secreciones de cada estómago en particular, así como del efecto que en esa peculiaridad gástrica de cada cual va a ocasionar la condición química de los alimentos que acostumbremos a tomar en nuestra dieta diaria.

Las segundas van a depender de la capacidad dinámica de nuestro intestino, así como de los modos de la secreción de la vesícula biliar, en todo lo cual va a influir especialmente el predominio de intervención de ciertas sales minerales, como las de sodio y de magnesio, y el modo de preparar los alimentos.

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Con una abundante secreción gástrica (hiperclorhidria), aseguramos una rápida digestión y un buen metabolismo de las proteínas, pero estaremos dados a padecer úlceras gástricas o duodenales si nos excedemos en sal o en azúcar, si es que no tomamos suficientes alimentos ricos en calcio (no sirve el calcio químico añadido a los preparados alimentarios, ni el extraído del moler ostras, cartílagos o análogos; éstos no son asimilables y tienden a producir obstrucciones renales).

Con deficiente secreción gástrica (hipoclorhidria), nuestro estómago hará torpemente las digestiones, tardando los alimentos en abandonar el estómago. Así, estaremos dados a recurrir a sustancias de ayuda digestiva si no adecuamos nuestra alimentación a tal condición gástrica, donde los alimentos más inapropiados serán los ricos en proteínas, los grasos y las féculas.

Para esta última condición gástrica, es fundamental que no falte un mínimo de tono del sal a los alimentos, para que se vea estimulada la digestión. Por contra, los alimentos o sustancias picantes, generalmente ricos en azufre, tenderán a debilitar aún más esa condición gástrica y hacernos recurrir al uso de ácidos externos, como por ejemplo el vinagre, de fuerte incidencia negativa en el sistema óseo, el sistema nervioso y en algunas glándulas como las genitales (ovarios especialmente) y el tiroides.

Este mismo hábito de ingerir picantes o análogos (ajos crudos, cebolla cruda, rábanos, etc.), puede llegar a debilitar la función gástrica en estómagos de mucha secreción, y hacernos creer que es de débil función.

En las hipoclorhidrias, por deficiente digestión proteica, esteremos dados a padecer de afecciones reumáticas (articulares, óseas y gota) y sus derivados, e incluso afecciones dentarias tales como la piorrea y las simples caries, por la incidencia del ácido úrico en ello.

Si adecuamos los modos y la cualidad de la alimentación a una u otra forma de la condición gástrica, no tenemos por qué afectarnos negativamente en nada de nuestro organismo; pero si tendemos a empeñarnos en comer de todo y de una forma estándar y no aplicada a nuestra condición fisiológica, la cadena de alteraciones podrá llegar a ser amplia.

Por otra parte, la energía gástrica refleja la condición de nuestra tendencia de vida emocional. Si nos faltan estímulos para dar vida a nuestro mundo emocional, nuestro estómago rondará de cerca la anorexia (falta de apetito y lentitud digestiva). Si, al contrario, buscamos vivir intensamente el mundo emocional, haremos llegar al estómago buena cantidad de alimentos.

Las afecciones emocionales prenden en el estómago (éste es el centro canalizador de la energía emocional del individuo), y según sean aquellas, así estaremos dados a recurrir a los diferentes tipos de alimentos para tratar de paliar el modo de afectarnos en lo emocional, siendo esto la base principal de dislocación de nuestras necesidades y procesos digestivos, pues no solemos comprender aquellas en su implicación organico-estomacal y cómo la condición química de los alimentos viene a influir en esas afecciones psíquicas.

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Los problemas del intestino van a estar muy en consonancia también con la no adecuación entre capacidades de aquel y las cualidades de los alimentos. Y en esto cobrará importancia el tamaño del intestino de cada cual.

En lo intestinal, como en todo, a mayor volumen de los órganos, menor capacidad funcional, con lo cual, si unimos a unos intestinos grandes (serán de torpe asimilación) una deficiente estimulación mecánica del mismo (relativa al avance del bolo alimenticio) por incorrecta forma de preparación de los alimentos (freirlos por ejemplo), o alimentos tendentes a compactarse por falta de fibras, iremos dando lugar a uno de los modos más negativos de la afección intestinal: todo lo derivado del estreñimiento.

Si en ese lento o incompleto proceso de asimilación de los alimentos que ingerimos, unimos el que éstos sean de rápida y amplia putrefacción, nos hallaremos en la posibilidad de originar focos de emanación de sustancias y toxinas que ataquen la propia mucosa intestinal, comprometan la integridad de la glándula Apéndice vermiforme y sobrecarguen los canales y ganglios linfáticos, con las consiguientes afecciones del resto del organismo por lo que de todo ello pasa a la sangre y a los conductos linfáticos.

Los intestinos tienen como función la asimilación de todo aquello que llega a nuestro interior (en todos los niveles del ser). La cualidad nutricional que hagamos llegar a él, hablará de la condición de todos los factores conque alimentamos nuestra personalidad. Sus estados de estancamiento expresan nuestra tendencia psíquica a mantener en nosotros lo caduco, impropio de nuestra condición evolutiva. La toxicidad que demos lugar en él, hará de soporte físico de miedos e incongruencias de nuestro proceder humano.

La glándula encargada de proteger esas toxicidades e incongruencias psico-orgánicas, es el Apéndice vermiforme, tan despreciado de valoración como la propia falta de atención que solemos prestar a nuestras negatividades emocionales de los niveles de la mente, con las que convivimos sin remilgo alguno, cuando tanto solemos afectarnos al ver cucarachas y ratas, análogos externos de lo que tiende a existir en un medio celular de estancamientos y putrefacciones.

A este respecto, debemos saber que todo lo que es absorbido por los capilares venosos y linfáticos, es transportado luego hacia el corazón y los pulmones, con la consiguiente afectación de las estructuras celulares internas de estos dos órganos capitales.

La ingestión de sustancias antibióticas (naturales o de laboratorio) tienden a neutralizar la acción tanto de los microorganismos concebidos como patógenos, como de las bacterias que posibilitan los procesos metabólicos nutricionales, pudiendo ocasionarse con aquellas sustancias una neutralización importante y peligrosa de la capacidad de digestión-asimilación nutricional, comprometiendo la vitalidad del individuo.

Cuando mencionamos la expresión (muy manipulada, por cierto, por la industria alimentaria) de sustancias cancerígenas, no debemos pensar sólo en aquello que es contrario a la condición orgánica, como por ejemplo la nicotina y el alquitrán, sino en todo aquello que produce ahogo en la respiración y nutrición celular, y en lo que tiende a dificultar el tránsito intestinal, donde podríamos incluir varios de los alimentos de uso frecuente, como quesos, frituras, embutidos y muchos de los preparados sólidos artificiales. E igualmente las sustancias que "rompen" la condición orgánica de las células, como el alcohol, los antibióticos y determinadas sustancias químicas (ciertas drogas y medicamentos); estructuraciones orgánicas degradadas en las que posteriormente se asentarán las sustancias linfoides corrosivas que deambulen por el torrente linfático.

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Padeceremos de  gases,  tanto intestinales como estomacales, cuando interrumpamos la digestión al ingerir cualquier cosa entre comidas, especialmente si nuestro estómago es de torpeza funcional (hipoclorhidria). Aún más cuando comemos alimentos picantes. También, tendremos un vientre lleno de gases cuando nuestra vesícula biliar ande en mal estado.

Puede ocurrir el que nuestros intestinos (todas las funciones gastrointestinales) se paren, si nos quedamos con una tasa de sodio demasiado baja. Entonces, podremos llegar a padecer fuertes dolores en el vientre (lo originan los gases), imposibilidad de evacuar tanto los sólidos como los gases (estomacales e intestinales), e incluso no poder orinar; cosa la cual nos haga pensar que tenemos algún mal importante en ellos, relacionado con el apéndice o con el peritoneo o con el páncreas o con alguna de las glándulas sexuales. Con esto no quiero decir que no pudiera ser por algún otro motivo diferente a los mencionados, pero que lo más fácil es que sea por esa causa del sodio, basado en criterios de negatividades de la sal en la dieta diaria.

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Una cuestión importante a considerar, para aquellos que hayan captado la trascendencia de lo que trato en Medicina Cuántica, de la interacción tan fuerte que puede haber entre miembros de una misma familia, es la de los "trasvases" de energía digestiva que pueden ocurrir entre ellos, en la que alguno acapara para sí todas las capacidades, a pesar de sus incorrectos hábitos, y otro, por mucho que trate de afinar la dieta o ayudas a lo digestivo, no consiga tener ni el apetito suficiente, ni la capacidad digestiva que desearía tener. Esto puede ocurrir de un modo permanente, pero también en situaciones o días concretos nada más.

Y para finalizar, diré que es cierto lo que en el mundo naturista se dice de que "Somos según comemos"; pero a esto hay que añadir lo siguiente: " ... pero comemos según somos", pues es nuestro subconsciente, adscrito a nuestra condición celular, el que nos despierta las apetencias por aquello que contiene la vibración química que hará que sigamos siendo como somos en nuestro instinto personal.

Por tanto, no nos empeñemos en cambiar la dieta de nadie, si en éste no hay sentimiento de necesitar cambiar en su condición psíquica de ser, de donde se nutren las tendencias de los hábitos y formas del cuerpo.

Las afecciones gástricas hay que vincularlas a las cefaleas o dolores de cabeza por la zona frontal y de las sienes. Éstas denotarán deficiencias energéticas en el estómago, donde habrá que buscar su normalización y no en lo cerebral en sí. Pueden informar de una insuficiente aportación de sodio para la condición de la alimentación ingerida, o un exceso de sustancias contrarias a los requerimientos gástricos, que han originado un bloqueo de su función. Reforzar ésta, a base de disolver bien con la saliva varios (pocos) granitos de sal, para tragarlos luego, puede paliar el problema, lo cual podría repetirse varias veces con intervalo de varios minutos si no se recuperara el proceso gástrico rápidamente (lo sabremos según sea la condición de la molestia frontal).

Si las molestias de la cabeza son por la zona occipital, podría tratarse, no ya de afecciones gástricas sino de estancamientos intestinales (estreñimiento).

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Angel Baņa