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Conceptos Cuánticos

 

Automatismos en la Conciencia nos hicieron perder la noción de nuestra realidad Colectiva.

El Individuo aislado no tiene realidad en sí mismo.
El individuo surge de la interacción colectiva.
Colectivo = Expresión de la diversidad del ser Uno.

Nadie cambia o evoluciona si no intercambia valores.
Nada se mueve hacia nuestro modo de ver si no cedemos de nosotros mismos.
No somos los propietarios de los valores que se expresan a nuestro través.
El Compartirse es la fuente de la vida.

Hablar de energías  o de valores humanos  es hablar de una misma cosa. La realidad de la vida es un fluir vital  que podemos percibir de muy diferentes modos, según la óptica o la plataforma de sensibilidad desde la que lo contemplemos.

Los Valores del psiquismo humano están regidos por los mismos principios que los factores materiales, llámense energías, radiaciones electromagnéticas, ondas de luz, flujo magnético, cuerpos físicos, ondas cerebrales, influencias astrales, o de cualquier otro modo.

A este respecto, la propia Física tiene enunciados algunos conceptos que pueden ilustrarnos en gran medida en el propósito que pretendemos, que no es otro que desentrañar aspectos de nuestra realidad viviente, para la comprensión de importantes procesos que vive el ser humano.

El más transcendente de aquellos es el referido a que no existe lo Local, es decir, que no existe el individuo u objeto por separado, sino que existe la "realidad de Campo", surgida como consecuencia de las interacciones.

Estas "interacciones" son las influencias y puesta en común de los valores de esas hipotéticas realidades personales o individuales. Personalidades que se constituyen o toman realidad en el hecho en sí de la “puesta en común”.

Esta puesta en común no conlleva la existencia previa de esas personalidades por separado o independientes, pues éstas surgen a raíz de la ubicación o desplazamiento diferenciado de los diferentes aspectos de una realidad global, de un Ente global. Realidad global que sin esa dispersión de sus valores constituyentes, se mantendría en el área de la Abstracción, denominada de otro modo Integridad o Potencialidad, donde la imaginación entra en escena y hace surgir el criterio de las llamadas Posibilidades.

La Imaginación humana, al percibir muy pobremente las causas de los sucesos y apoyándose pues en la Estadística, establece leyes en función de "probabilidades", que nada tienen que ver con las "realidades" que en el Ser están en la posibilidad de manifestarse u ocurrir, pues la vida es “evolución cíclica espiral”, en la que nada vuelve a su mismo punto de partida (nada se repite).

Y esta evolución tiene en cuenta, cómo no, otro primer principio de la Física: Nada cambia su inercia si en él no interviene una fuerza, ajena a él, de contenido de valores diferentes, que da sentido a la necesidad de las interacciones.

A raíz de conocer lo anteriormente expuesto, podemos comprender cómo un ser o alma, cuando se incorpora a la vida material, a su expresión encarnada, desarraigándose de su realidad vivencial desencarnada, se somete inconscientemente a la realidad del Campo (área vivencial) donde ingresa.

Este "campo", que en su más amplio espectro es la atmósfera terrestre, posee sus parcelas de lo familiar, lo local, lo provincial, etc. Parcelas que tienen como función permitir la ubicación más eficaz de las posibilidades de integración del individuo en el colectivo social del que entra a formar parte.

Ese alma, como factor de expresión individual, en el tránsito de un plano de existencia a otro viene con estructura de integridad, de potencialidad; es decir, de neutralidad funcional, pero con "inercia genética de intervención o expresión".

La Potencialidad con la que ingresa en su nuevo campo, le permite atraer para sí y su entorno la ración energética que le corresponde como individuo, la cual va expresada en "quantos" de energía (lo entenderemos mejor diciendo "paquetes de cantidades concretas" de energía).

Antes de encarnar, es incapaz por sí mismo de "avanzar" en alguna dirección específica, avance donde se asienta la posibilidad de su evolución. Él es lo que ha llegado a ser, pero para avanzar o evolucionar más, precisa de someterse a limitaciones, y esto es lo que encuentra al encarnar dentro de un colectivo a cuyas leyes se somete.

Su condición aislada le confiere una armonía inoperativa, y todo caminar precisa de una desestabilización previa, a partir de la cual surge el poder "dar pasos". Desestabilización que resulta del ceder de sí algunos valores de los que le son propios, e incorporar otros de los demás.

Es sólo mediante ese compartirse, en cuyo acto se desestabiliza de su situación precedente, cuando adquiere posibilidad de concretar una dirección de su actuar, de su evolución. Y ese compartirse lo consigue a través de las posibilidades de limitación que ofrece la vida encarnada, la vida sujeta a los condicionantes que conocemos de un cuerpo o estructura organizada (sujeta a un fin determinado y concreto) inmerso en los factores de tiempo y de espacio, a lo que llamamos vida material o física.

Un ejemplo que permita comprender bien la importancia de la materialización, lo tenemos en lo siguiente:

La Luz, antes de llegar a un prisma, nos aparece en forma abstracta, pues no "la vemos", aunque ella nos permita ver los objetos. Pero cuando entra en la "atmósfera molecular del prisma", al romperse su integridad, su potencialidad o abstracción, se nos manifiesta, se nos hace material (perceptiva a la sensorialidad física), en ese modo en que la conocemos como Color. Colores que no son otra cosa que las diferentes individualidades que la constituyen, sin que éstas tengan sentido fuera de la luz misma, de ese valor global, absoluto o potencial que las contiene y las alimenta.

Cada color no posee una parte igualmente proporcional del contenido de valores de la luz, sino que a cada uno corresponde un paquete de cualidad diferente de energía, pues de sus no igualdades del contenido cualitativo energético surge la diversidad que expresan todos. Y esto es lo mismo que ocurre con los individuos humanos. Mas para que aparecieran los individuos cromáticos (colores) como tal, tuvo que encontrar la luz en el prisma una serie de factores diferentes por los que se motivaran cada uno de aquellos.

De esta manera, la luz como energía libre, abstracta, encuentra en la perfecta ordenación molecular prismática (elemento material de densidad) su claro antagonismo, y en ello la posibilidad de hacerse coherente, es decir, concreta en sus diferentes posibilidades, definida hacia modos específicos de expresión (sus diferentes colores).

Es así como la luz, interaccionándose con ese otro valor de energía que es la estructura molecular prismática, también energía pero antagónicas ambas en cuanto a su condición de estar, consigue dar un rumbo distinto a su situación, a su modo de estar estructurada. Y esto es lo mismo que lo que ocurre con la encarnación o estructuración material (atómica y molecular) de un ser o alma.

Comprenderemos este proceso espectral de la luz si nos salimos de los criterios de la Física ortodoxa y lo contemplamos según expongo en Medicina Quántica/Física de la Luz y el Cerebro, donde podréis ver cómo en el espectro cromático surge otro tanto igual como en la embriología primaria del cerebro y que expongo en "Cerebro y Vísceras corporales".

Es a partir del "enganche" material o momento de la concepción de una persona, en el cual se inicia la gestación del cuerpo que "de nuevo" le caracterizará, cuando irán ocurriendo una serie de trasvases -intercambios- de valores desde las posibilidades de su integridad, hacia los demás miembros que constituirán su familia terrenal, y desde estos hacia él. Trasvases de energías o valores que discurrirán a través de los "canales" que generan las relaciones emocionales que a nivel del subconsciente van desarrollándose entre todos ellos.

De esta manera, cada individuo va adquiriendo la estructura de la personalidad que ha venido a desarrollar. Y es así como con cada nacimiento, los miembros de una unidad familiar (o unidad social) adquieren la posibilidad de notables modificaciones en la expresión de sus personalidades. Con el nuevo ingreso, el ente familiar adquiere la posibilidad de organizar de modo diferente sus valores, es decir, que los campos internos adquieren otras posibilidades de expresión, a raíz de las modificaciones que originan esos trasvases con el nuevo individuo.

La inercia genética de cada alma, o "inercia de sus peculiares manifestaciones", hará que tienda a constituirse en protagonista de las tendencias que caracterizan -y que caracterizaron- a las expresiones de su ser, asentadas en su desarrollo evolutivo personal. De este modo, "acaparará para sí" del campo global donde ingresa, las energías que le posibilitarán seguir en el cultivo de su personalidad. Campo global que en el ámbito de la familia incluye a todos los miembros de ésta.


Pero prestemos especial atención a lo que he expresado de "acaparar para sí, del campo global donde ingresa, ..." Con esto quiero dejar bien claro y manifiesto, que un alma no es "propietaria" de lo que expresa a su través, de lo que expresa su ser en sus manifestaciones o acciones dentro de un campo o colectividad. Los valores pertenecen a la Colectividad, pues es en ella y por ella (realidad más esencial que el individuo por separado) en quien se desarrollan.

En un organismo vivo (cuerpo humano por ejemplo), la condición de las células de cada órgano o sistema es lo que permite las posibilidades de expresión del ente que entre todas forman (el ser humano en este caso). Las células van reemplazándose constantemente, dentro de un proceso al que podemos llamar evolutivo. Son las obreras que posibilitan la empresa que constituyen entre todas, sujetas también cada una de ellas a los procesos de evolución personal como ocurre en lo humano.

La estructura del ente global (la persona) es lo que da a cada célula la posibilidad de expresarse en su realidad concreta que son. Ninguna célula debe pues considerarse propietaria de los valores que usa, sino que ha de estar en el sentimiento de que es el Ente quien le da la posibilidad de sus expresiones. En un ente global diferente, sus posibilidades de expresiones serían también diferentes.     <<< Como anécdota de esto aplicado a Internet, se me ocurre que las células son los distintos Distritos de Telépolis, y ésta como Sociedad, como Empresa, es el ente global que posibilita la realidad de expresión y desarrollo de aquellos >>>

La satisfacción de cada célula, de cada individuo, debe asentarse, no en lo que cree poseer, sino en lo que a través de ella está la capacidad de expresarse, aunque, al mismo tiempo, esa capacidad se la permite el propio proceso organizativo del Ente, ya que cuando éste precise de dar un sello a matiz diferente a lo que operaba a través de ella, hará que esa cualidad se exprese a través de otra célula que se adapte mejor al nuevo cometido.   <<< ¿Verdad que encaja todo maravillosamente en la anécdota que cito en el párrafo anterior? Pues así es todo en el proceso de la Vida, por lo cual, acabar con nuestra soberbia personal es algo que resulta ya imperativo. >>>

No debemos caer en el error de interpretar ese proceder del Ente como egoísmo y desconsideración, o que "nos utiliza" para "su propio interés", pues lo que opera en él es sólo Sabiduría de Amor, y siempre resultará positivo para el proceso de la propia célula, cuya realidad no termina ni está en su función, sino en la conciencia que genera de sí, a partir de la cual surge la eficacia de su propio proceder, hacia ella misma y hacia en Ente global del que siempre forma parte.

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>Este criterio de la "no propiedad" de los Valores humanos, sé que choca muy bruscamente con el sentimiento generado sobre sí mismos por aquellos que "canalizan" con facilidad expresiones humanas de moral, psiquismo e intelectualidad positiva, y que dinamita todo orgullo asentado en la autoestima sobre "lo que somos capaces de hacer".

Y en esto encuentra fundamento la gran dificultad de este criterio para ser asumido socialmente, pues echa por tierra muchísimos de los grandes honores concedidos a lo largo de nuestra Historia, en los cuales no se ha contemplado la transcendente aportación de tantos seres que con su anulación hacían posible la eficacia de los que ostentaban el protagonismo.

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Angel Baña