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El  Cuerpo

 (( ... ... y Transplante de Órganos y Transfusión de Sangre ))

El Cuerpo es la plasmación material de la estructura organizada de los valores psíquicos de una personalidad. El Cuerpo es también un registro akásico de nuestra individualidad.


Encarnar es estructurar los valores mentales de una Individualidad.
Estructuración la cual posibilita al ser ir tomando conciencia de sus valores potenciales,
para conducirlos a un todo armónico y de coherencia evolutiva.

A partir del instante de la concepción, nuestra Mente irá dando forma a todo el intrincado celular y orgánico que caracteriza a nuestra personalidad encarnada. Y este proceso de adecuación orgánica a nuestra personalidad irá ocurriendo de modo que cada estructura celular irá pasando por todas la fases que caracterizan a su proceso filogenético (evolutivo orgánico de esa clase de célula a través de todas las especies animadas que intervinieron en ella).

Proceso filogenético que ocurre, como es fácil comprender, a una velocidad vertiginosa, pues los millones de años que precisaron tales formaciones celulares, ocurren ahora dentro del tiempo de un embarazo. Y es así como se reconstruye una personalidad desde sus tiempos más remotos de evolución como tal.

Algo análogo es el significado que el tiempo del embarazo representa
para permitir al ser que se encarna, recuperar los aspectos claves de la personalidad que va a expresar, para lo cual, las fuerzas que intervienen en torno a la gestación modularán los hábitos de la madre gestante y de cada miembro del colectivo familiar a donde está ingresando, para que entre todos se den las circunstancias de influencias que el feto necesita.

De igual modo, aún después del nacimiento, la personalidad precisará un tiempo de aproximadamente 27 años (tiempo de una progresión Lunar) para despertar la intervención en ella de todos los valores que la caracterizan. Tiempo en el cual irá "promoviendo" la justificación de su proceder final; es decir, haciendo surgir en torno a él todo aquello que el despertar de su personalidad precisa para estructurarse como tal.

Durante el tiempo del embarazo, los trasvases energéticos de valores que ocurrirán con todos los miembros de la familia, permitirán al feto adecuar su inercia operativa a las necesidades que deba en esta ocasión desarrollar.
Es decir, que sin dejar de ser “esa personalidad”, las circunstancias del embarazo y los trasvases que se originen, condicionarán en mayor o menor medida su desarrollo, adquiriendo posibilidades de reconducción diferente de la personalidad que tiende a caracterizarlo.

Y de igual manera durante el período de 27 años de su despertar global (a partir de su nacimiento). Durante éstos, irá añadiendo nuevas experiencias a su ser, que le van a permitir subconscientemente reconsiderar la conveniencia de inercias anteriores. Pero será su modo interno de ser y las necesidades evolutivas de éste, los que vayan "atrayendo" hacia sí las circunstancias para esas experiencias.

La Carta astral natal de la persona, o mapa astral del instante de su ingreso activo en la esfera terrestre (primera inhalación de aire a través de sus pulmones), muestra las fechas en las que se irán activando esos distintos valores de su personalidad, y la correlación temporal que existirá entre ellos; es decir, el orden en el tiempo en que cada valor de su personalidad tenderá a intervenir con respecto de los otros valores. Esas fechas de activaciones son propicias para que tengan lugar los más acusados trasvases energéticos con las personas que deba irse ésta compartiendo.

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En todo este proceso de desarrollo de la personalidad psicofísica, la mente irá guardando total conexión con cada una de las estructuras orgánicas que van surgiendo desde el instante de la concepción, amoldándose en ello desde los primeros procesos de la evolución embrionaria, si bien todo su potencial mental no se “atará” por completo al cuerpo físico hasta que éste no esté a punto de exteriorizarse (independizarse) con el nacimiento.

Va surgiendo así nuestro "cuerpo mental" en perfecto acoplamiento con nuestra corporalidad física. Y será el hábito a este acoplamiento lo que motiva la forma de cuerpo con que nuestra mente "saldrá" más tarde al plano etérico y que se conoce como cuerpo astral (cuerpo etérico).

De todo nuestro Potencial mental, la llamada mente Subconsciente es quien rige el modo de funcionar de todos nuestros órganos y demás estructuras celulares. La mente Consciente es el fruto de la interacción de determinadas estructuras orgánicas que, actuando a través del cerebro como órgano coordinador de las interacciones de los diversos potenciales psíquicos de nuestro ente orgánico, tiene como misión percibir las consecuencias de nuestros actos, sentimientos y actitudes.

Así pues, el factor mental al que llamamos mente Consciente, no es el elemento de dirección de nuestra personalidad ni de sus procesos vitales, sino un factor o elemento de análisis de nuestros procederes externos e internos.

El fruto de las experiencias de la mente Consciente, va siendo recogido por el Subconsciente y dando lugar al "Instinto de la personalidad", que es donde está estructurado nuestro comportamiento y donde se define nuestra verdadera personalidad.

La incorporación de nuestras experiencias conscientes a nuestro Instinto personal ("instinto" no conlleva relación con lo animal), requiere del "desacoplamiento" de nuestro cuerpo mental de nuestro cuerpo físico, lo cual se posibilita cuando dormimos.

Pero también se requiere de un proceso especial al final de una vida, en el cual haya, además del desacoplamiento, una desconexión total de todas y cada una de las estructuraciones físicas que condicionaban la expresión del alma, del ser, y esto tiene lugar gracias a lo que concebimos como muerte física, cuyas características dan por finalizada la intervención de la mente Consciente.

El Ego creado por la mente Consciente, sentirá su disolución con la muerte o desconexión total del cuerpo físico, pues no es ella quien interviene en la fase siguiente de expresión del alma, donde se impone el Subconsciente, el cual se mantiene generalmente por un tiempo aturdido, por el hábito que intervenía en las manifestaciones de la personalidad.

Los Sentidos constituyen los factores delimitadores de la vida y generan a la mente Consciente, con la cual se sitúan en lo externo de las manifestaciones del ser. Son, de esta manera, los que generan el sentimiento de Individualidad (separatividad). Así, la mente Consciente sitúa sus percepciones sobre los aspectos de diferenciación y distanciamiento espacio-temporal de las expresiones del ser, en sentido opuesto a como lo hace la mente Colectiva o Universal, con la cual tienden a conectar los practicantes de la Meditación o interiorización de la mente.

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Con lo expuesto hasta aquí podemos entender que cada Cuerpo en sí no es más que el esquema orgánico óptimo para la realización concreta de una actividad vital, estando aquel en función de la que desea el Subconsciente desarrollar. Y, al mismo tiempo, en aquel están recogidas todas y cada una de las peculiaridades que dieron lugar a la personalidad en cuestión.

Así, el sentido de vida que tiene nuestro Cuerpo físico es el de permitirnos un control y un desarrollo concreto de nuestro Cuerpo mental. La toma de conciencia de nuestro Ser de Luz que somos, tiene lugar gracias a las limitaciones de su Potencial que le ocasiona la estructura física, razón y motivo de nuestra encarnación.

La "estructuración" es el camino o vía del aprendizaje y de la armonización, sinónimo al papel que cumple la Racionalización, a pesar de las limitaciones de percepción que nos genera, pero que por eso se acompaña del otro valor mental, la Intuición, con base en el "sentir interior". Y es de esta manera como el gran condicionante que significa la vida encarnada (vida organizada en la unidireccionalidad) es el mayor factor de enriquecimiento del Ser.

Esta cuestión última la deben tener muy en cuenta aquellos que, abiertos a consideraciones espirituales y místicas, no perciben la transcendencia del papel que tiene el cuerpo en el proceso de evolución de las almas. En vista de ello, reniegan del mismo y no ven en él más que elementos de perturbación para la "pureza" de sus metas.

El medio "denso" a través del cual se ve forzada a expresarse el alma con su encarnación, permite a ésta relentizar y concretar considerablemente su nivel de expresión, a fin de que éste sea aprehensible y pueda ser "trabajado" en una vía de modificación o cualificación evolutiva, buscando la mayor armonía en su constante creciente complejidad.

Cada ser está “compuesto” por una serie de valores contrapuestos y complementarios, tanto en lo psicológico como en lo fisiológico. Sus desajustes y desarmonías originan lo que podemos llamar conflictos internos de la personalidad psico-física. Se reflejarán tanto en nuestro comportamiento mental como en nuestro cuerpo celular, a fin de que este cuerpo siga definiendo o representando en lo material (en lo estructurado físicamente) las condiciones de nuestra mente.

Cualquier terapia que desee modificar una condición o inercia funcional orgánica, debe antes considerar la actitud de vida que desea desarrollar el individuo, para que haya adecuación entre ambas, y la terapia consista así en una colaboración hacia el cambio de actitud, pues de otra manera la terapia será ineficaz, o producirá bloqueos o alteraciones más o menos importantes en las estructuras que se contrapongan a los desarrollos buscados con la terapia en cuestión.

Los traumatismos físicos y las intervenciones quirúrgicas, si bien fuerzan bruscamente determinados cambios en la personalidad, imposibilitan la marcha atrás de procesos, hábitos o actitudes en los que influye la estructura física afectada por esos traumatismos.

En nuestro cuerpo físico podemos "saber de nosotros" como no lo podemos saber directamente de nuestro ser mental. Desatender los trastornos o conflictos celulares es despreciar al mejor maestro o instructor que tiene la necesidad evolutiva de nuestra integridad. Y un modo grave de desatender aquellos es tratar de acallarlos a base de medicinas que sólo buscan la supresión de la sintomatología física, sin buscar razón alguna en nuestro ente mental.

El cuerpo físico tiene asumido el papel de ser "algo ajeno a nosotros", para permitir así a la mente (al nosotros mental) ver "en él", en ese ajeno, lo que no sabríamos o no querríamos ver "en nosotros" como problema, como error o como desequilibrio.

El cometido de la vida física no es el de "gozar de los sentidos", sino el de "gozar de la vida" a través de la sabiduría que aporta el desarrollo de los sentidos.
Los Sentidos son los elementos para apreciar la Vida; no son la vida misma.

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La Dualidad es el factor de enseñanza de la Vida, y en ella se asientan las Leyes de la Naturaleza. El camino entre esas Polaridades, surgidas del rompimiento de toda Integridad que desee manifestarse, es el campo de expresión y enriquecimiento de la propia concienciación de esa Integridad.

La vida humana se desarrolla en el binomio Individuo y Sociedad; entre el Yo y Los demás. Y el desarrollo del Yo se consigue al proyectarnos hacia los demás, justo en la misma cualidad de lo proyectado. En lo que enseñamos nos instruimos; en lo que damos recibimos, y en lo que silenciamos nos ahogamos.

"Hacer a los demás lo que deseamos se haga en nosotros" es la principal Ley del progreso de la Vida.
El Tiempo limitado que tiene la intervención de la Conciencia en los procesos vitales, podrá hacernos no apreciar la veracidad y exactitud de esta Ley, pero no por ello la invalida, pues ya hablamos antes de que las secuencias de la vida sobrepasan el tiempo de vida de esa conciencia.

Los demás más cercanos a nuestro Yo son las individualidades orgánicas (celulares y viscerales) a través de las cuales se expresa el mismo. Estas individualidades, no obstante, son tan "nuestro Yo" como lo son "los demás" (los demás seres humanos), pues en lo Esencial, somos una unidad de factores interdependientes, que en lo Global infinito formamos el Todo universal.

El Cuerpo es el "ajeno" más próximo y el más eficaz eslabón de interacciones humanas. Nuestro cuerpo marca la pauta de la interacción de los diferentes Yoes que constituyen o configuran nuestra personalidad. Y resulta ser para el alma una estructura ampliamente compleja donde depositar, convenientemente "organizados", sus diferentes valores, surgidos de su constante y paulatino camino de expresión de vida.

Resulta así, que cada estructura celular, aunque surgida “nueva” en cada encarnación, guarda toda la información que el alma vivencia. Recordad el proceso de desarrollo filogenético por el que pasa cada célula, del cual hablé en párrafos anteriores.

Es de esta manera como aparece a nuestra razón la importancia de la “introspección celular”, a través de la relajación profunda, para que cada órgano y cada célula pueda hablarnos desde sí, de esa porción mental a la que representa. Permitiremos así que el Consciente penetre en territorio del Subconsciente y, con ello, que la información al consciente gane considerablemente en comprensión y utilidad.

Nada de valor aportaremos al mundo (los demás) que no sea lo que construyamos en nuestro ente orgánico e individualidad con el enfrentamiento y armonización de nuestros Yoes. Éstos serán los filtros de la eficacia de nuestras aportaciones.

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Trasplante de Órganos y Transfusión de Sangre

Es muy claro en mí el sentimiento de error de la tendencia a los trasplantes de órganos, pues denota cosas tan importantes como éstas:
* -Ignorancia de lo que es el Cuerpo con respecto a la personalidad psíquica de la persona.
* -Irresponsabilidad hacia el proceso del propio individuo consigo mismo.
* -No alcanzar a comprender lo que el cuerpo viene a decirnos con sus afecciones.

Para profundizar en esto es conveniente, además de la lectura de este mismo documento, el que lleva por título "Alimentación"; en ellos expongo ampliamente qué es el Cuerpo con respecto a la personalidad del individuo y qué vienen a ser los diferentes órganos y vísceras que lo constituyen. No obstante, puntualizo aquí lo siguiente:

* -El Cuerpo es la "estructuración material de los valores de una personalidad", de un Ser individual, a fin de que en este plano de encarnación pueda ir tomando conciencia de sus tendencias como alma individual inmersa en la colectividad de donde toma su propio sentido y posibilidades de ser, a través de lo cual evoluciona en Amor y Sabiduría.
* -Nada pierde el alma al perder el cuerpo; cada vida encarnada es un simple peldaño de los infinitos de su ser inmortal.
* -La responsabilidad del alma es ir modificando sus modos de intervención en sí mismo y en la colectividad; modos los cuales van a ir viéndose reflejado en su condición física. Cualquier afección corporal no expresará más que desequilibrios en la personalidad.
* -Asistir al Cuerpo y no reconsiderar la actitud mental que provoca la afección, es querer cambiar lo que solo es efecto y no causa, y mostrar que el interés se centra en la permanencia corporal y no en su proceso de alma.
* -Con la química de los Alimentos nutrimos los modos de las tendencias de comportamiento, en función del estímulo diferente que genera en cada víscera.
* -Cada Víscera es responsable de posibilitar la materialización de los diversos valores a expresar en lo humano (voluntad, orden, conciencia, afectividad, etc.) De su propia estructura dependen las cualidades a "canalizar" para poder ser expresadas.

Transfusión de Sangre.-
* -La Sangre es el torrente a través del cual el mundo emocional de la persona deambula por toda su estructura de ser. En ella van los elementos que las distintas vísceras aportan hacia tal cometido; elementos que tienen el sello propio de la personalidad global que los genera.
* -Las fugas sanguínea no son arbitrarias ni generadas por la casuística (nada lo es). Surgen desde las motivaciones subconscientes del ser, en función de sus circunstancias vivenciales.
* -Las pérdidas y deficiencias internas tienen origen en desajustes de procesos viscerales, por lo que hemos de remitirnos a éstos.

Nota Final.- Debemos irnos responsabilizando con las resultas de nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Cuando esto sea una realidad en lo humano, no será preciso ningún tipo de intervención en los cuerpos que no sea la propia actitud del sujeto para consigo mismo y su medio.

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Angel Baña