- Ir al Portal General -

Física:  Cuatro Dimensiones

¿Qué ganaríamos si nos atreviéramos a poner en evidencia
algunos postulados de la Física?

Hallaríamos que existe un proceso embriológico análogo a todo cuanto surge en la vida,
tanto en lo Biológico como en lo físico de las Energías que dan lugar a la Materia.

Cuatro Fuerzas fundamentales, cuatro energías netamente diferenciadas y complementarias, van dando lugar a los procesos del Ser Humano y del Universo.

Pero para apreciar esto hemos de saber mirar con una visión desapegada de la ortodoxia reinante. Del Polvo cósmico a la Sabiduría humana sólo hay de diferencia eones de siglos, tiempo para estructurarse las tinieblas, la nebulosa, en luz, en sabiduría.

*****

     La uni-lateralización que han ido adquiriendo las cuatro vísceras fundamentales del cuerpo, han ido buscando el acompasarse con la estructuración básica que posee todo en el Universo, de cuatro fuerzas que, actuando organizadamente, dan lugar a todos los procesos evolutivos, los cuales a su vez van mostrando que tras todo aparente caos primordial, un factor subyacente de inteligencia parece dirigirlo todo hacia procesos de armonía, belleza y grandiosidad.

     Han sido necesarios los niveles de lo Mineral, lo Vegetal y lo sensorial Animal, para posibilitar la estructura Pensante, y ésta a su vez para generar la estructura de los Sentimientos. Esta última es a lo Pensante, como la sensorialidad Animal es al cuerpo Vegetativo en su capacidad de transcender a éste, de ir más allá de sus propios condicionantes espaciales.

El Pensamiento, sujeto a lo temporal, aunque no a lo espacial,
es transcendido por los Sentimientos, no sujetos al espacio ni al tiempo.

     La vida humana se estructura a partir de lo que muy bien definen ya los valores psíquicos inherentes a las cuatro vísceras u órganos de los que trato en "Especialización ..." del Cerebro, que podría representar con el gráfico siguiente.

     No pensemos con ello que nos estamos pasando de imaginativos, de fantasiosos; antes bien, estamos transcendiendo de una racionalidad meramente sensorial, a una racionalidad intelectiva.

     Y pasemos de aquí a un factor esencial que la propia racionalidad sensorial concibe aún equivocadamente, y que bien entendido abriría nuevas puertas para la interpretación de los procesos embrionarios del Universo, así como la percepción de esta bipolarización visceral que estructura el comienzo de la verdadera condición humana.

     La sabiduría de la vida exige que toda formulación de ley sea aplicable en todos los niveles donde ésta se manifiesta, en todos los planos de la existencia. Por tanto, la ley que no aporte coherencia a los sucesos de planos superiores o inferiores de donde se establece, no será tal. Y de aquí es de donde proviene la incredulidad hacia lo que se escapa a la correlación espacio-temporal, donde no se ha sabido establecer las coherencias e interrelaciones oportunas. E igualmente la no aceptación de principios de la intelectualidad sensorial que no ha sabido integrar las experiencias recibidas de los niveles extrasensoriales de la mente.

     Comencemos, pues, por la enseñanza que aporta la primera estructuración que se genera en el factor esencial de la vida: la Luz. Esta enseñanza, por el principio de universalidad de que la esencia del todo se manifiesta en cada una de sus partes, es aplicable a todos los aspectos de la vida, hacia los cuales basta sólo saber cómo encajarla y orientarla.

La Primera ley expresa, en términos físicos, que toda Integridad, al perturbarse, al perder la estabilidad integradora de todos sus elementos, se rompe en cuatro factores básicos, constituidos por dos polarizaciones complementarias.

     Cada polarización contiene los factores o elementos antagónicos de la otra, aquellos que producirían la desintegración o vuelta a la potencialidad, a la abstracción, de su antagónico y de sí mismo. Y cada polaridad en sí la constituyen elementos extremos de las posibilidades de expresión de la misma.

     Al mismo tiempo, cada polaridad se estructura de modo que entre sí también posean cualidades opuestas. Así, una se constituye con los elementos que evolucionan gracias a su separatividad, y la otra con los elementos que precisan de una intervención conjunta. De esta manera, una aparece como constituida por dos elementos de valores extremos, y la otra a modo de un sólo elemento, el "tercer elemento", pero realmente constituido por dos, en la interacción de ambos, que le confieren cualidades muy especiales. Veremos esto en el esquema sobre las emisiones radiactivas, aunque en el espectro lumínico se apreciará mejor.

     Los valores de estas emisiones se concretan a raíz de la presencia de esos campos magnéticos, que permiten expresar las tendencias extremas opuestas de dos de sus componentes. Aquí, el tercer elemento, los rayos gamma, al estar exentos de esas tendencias, adquieren cualidades bien diferentes, que deben expresar quizás la conjunción de dos valores complementarios inmersos en ella y antagónicos a las alfa y beta.

Pero vayamos a lo que con claridad notoria muestra el espectro cromático de la luz.

     Al rayo lumínico incidente, el que llega al prisma como "luz blanca", lo consideraremos como esa Integridad en la que todo está contenido pero que nada concreto expresa de sus componentes integrantes. Al ir atravesando el prisma se produce en él una perturbación, y con ella una fluctuación, a raíz de que uno de sus cuatro componentes básicos se motiva y desplaza hacia los factores de mayor densidad material, hacia su mayor antagonismo en cuanto al factor lumínico que es. Y es lo que le ocurre al componente Violeta del rayo (B1), de máxima refracción, como le ocurre a la radiación Beta, apartándose muy notoriamente de lo que será la vía principal del rayo refractado (AB).

     Hacia el otro lado, hacia la componente prismática de menor densidad, se desplazará el valor extremo opuesto (no su antagonismo) del componente violeta del rayo, el componente Rojo (A1), como lo haría la radiación Alfa hacia el campo magnético negativo.

     Con ambos desplazamientos de proyección opuesta, en el interior del rayo principal refractado (AB) ocurrirá algo muy curioso. Y es que las componentes antagónicas del Violeta y del Rojo, aquellas que unidas a éstos en el rayo incidente no permitían la manifestación de ninguno de ellos tal como la antimateria haría con la materia, se van a ir viendo libres de la presencia de sus antagonismos y van a poder irse manifestando, que es lo que hicieron el Violeta y el Rojo al irse saliendo del rayo principal refractado y apartarse de sus antagonismos, que no se motivaban por lo que ellos sí, por las estructuras de densidad prismática.

     Por esa condición "gravitacional" de dos componentes cromáticos estructurales de la luz, al pasar ésta por el prisma se fueron haciendo visibles el Violeta y el Rojo por el exterior del rayo principal refractado; y lo mismo sus antagonismos, la componente Amarilla (C1) y la componente Azul cian (D1), pero éstas por el interior del rayo principal conforme aquellas otras se iban desplazando del mismo.

     Por la zona central primaria del rayo refractado, mientras que violeta y rojo no se aparten netamente el uno del otro, expresarán que están presentes y unidos esas cuatro componentes básicas y, por tanto, persistirá (aunque cada vez con menor amplitud) esa inmanifestación cromática que es la luz blanca, lo cual ocurrirá mientras tanto el rayo refractado no llegue a su punto " I ".

     A partir de " I " se irá abriendo una zona central muy específica, donde ya no hay nada de la componente violeta ni de la roja, que es donde surgirá en color Verde, zona expresiva de ausencia de antagonismos superpuestos, y sí de una nueva condición, de una componente de unificación, de la combinación armónica del Amarillo y del Cian, que afectará de un modo muy especial a los procesos de la vida.

     Si en el rayo incidente sólo existiera un componente y su antagonismo, por ejemplo el Violeta y el Amarillo, el rayo principal refractado (AB) quedaría al final sólo como Amarillo, con un amplio espectro por fuera, en uno de sus lados, de color Violeta. O Azul cian por dentro y Rojo por fuera si los componentes de la luz blanca fueran sólo estos dos.

     Pero no es así debido a que con esa mínima estructuración bipolar, no se podría mantener la separatividad de esas fuerzas o componentes energéticos, que precisan estructurarse en un mínimo de cuatro, para que a través de una doble bipolarización complementaria (organizadas de modo antagónico) los mínimos elementos de diversidad puedan mantenerse en una constante de manifestación, a partir de los cuales ir generando la creatividad múltiple que caracteriza ya hoy al Universo.

     Es así como el espectro cromático, a pesar de ser cuatro sus valores básicos o primordiales, tiende a aparecer como una composición trina de valores (Violeta-Verde-Rojo), hasta el punto de que en la industria se usan estos tres colores, o sus antagonismos (Amarillo-Magenta-Cian), para la reproducción de toda la gama de colores, según sea para colores-luz o colores-pigmento.

     Esos colores básicos, dos a dos, en sus modos antagónicos, se anularían dando un blanco de luz, que es lo que ocurriría si a un rayo violeta le superponemos uno amarillo, o si a uno rojo le superponemos uno cian.

     El caso concreto que representa el Arco Iris, con su gama de siete colores, no es más que, debido a la amplia dispersión de los valores cromáticos que originan las gotas de agua donde se producen, esos cuatro colores (no unificados plenamente en el verde el amarillo y el cian) aparecen junto con los valores medios de unificación del amarillo con el rojo (surge el naranja) y del cian con el violeta (surge en añil). Análogo a lo que la Física utiliza para el estudio del espectro sobre una amplia refracción y que ha permitido la catalogación cromática en sus diferentes longitudes de onda electromagnética.

     Catalogación correlativa que ayuda a mantener el criterio de un surgimiento lineal del espectro y no en base a componentes de dirección inversa (ascendente-descendente) o "polarización simétrica axial" a raíz de un punto central de sensibilización del elemento observador.

     Ese criterio que no contempla el surgimiento embrionario tetrapolar del espectro, dificulta el uso de la información valiosísima que aporta el mismo en todos los órdenes de la investigación física y biológica.

Llevándolo al plano de la fisiología y psicología, es lo que ha terminado alumbrando criterios fundamentales que me permiten comprender la "realidad cuántica" que impera ¡cómo no! en la condición humana, tanto en lo orgánico y celular, como en el cerebro y en las relaciones entre personas.

     Y ya que he hablado sobre los cuatro colores básicos del espectro lumínico, el esquema siguiente de la izquierda expresa las relaciones de estos con las dimensiones básicas del ser humano y sus elementos químicos asociados. El color respectivo de cada una de esas dimensiones ayuda a adentrarnos o mantenernos en ella. El color opuesto nos aparta. Y el color intermedio entre una y otra (verde o azul o magenta o naranja) fomenta la acción conjunta de ellas.

     No es mi fuerte el tema de la Física, pues nunca he dado con persona versada suficientemente en ella, con quien poder profundizar en la misma gracias a esa realidad cuántica transpersonal que genera la interacción en una tarea común de dos cerebros bien entrenados, por lo cual no me es posible puntualizar como lo hago en Fisiología, donde mi genética personal sí ha discurrido lo suficiente.

     No obstante, se me ocurre apuntar que, teniendo en cuenta esa tetrapolaridad básica de todo surgimiento material (materia, energía, fuerzas, etc.), que lo hace en el modo trino, sería posible hallar la razón de esas tres familias en las que todo se conjuga. Una polaridad gravitando de forma cohexionada sobre el vacío de donde surgió y hacia el cual tiende, pero sin conseguirlo gracias a la liberación desarrollada por la otra polaridad, de dos elementos que se reparten otro modo de gravitación y una liberalidad plena, como trata de expresar el esquema anterior, que no debe tomarse al pie de la letra, pues como dije, lo hago a modo de puntualización informal.

     En lo estructural humano, esto sería algo análogo a la realidad inseparable Cuerpo-Mente, gravitando cohexionadamente en torno de la potencialidad vital de donde surgen ambos, y sobre los que gravitaría el cuerpo sensorial, dependiente de lo corporal; y el cuerpo extrasensorial, de aparente plena liberación, transcendiendo las limitaciones de lo espacio-temporal dentro de las cuales se estructura el cuerpo-mente. La fuerza de Gravedad, tan experimentada pero, al mismo tiempo, tan enigmática, muestra la realidad esencial que subyace en el fondo de toda manifestación, de tender al nivel armónico de la Integridad.

*****

     Y por si todo esto de la "doble polaridad" de la que vengo hablando no fuera suficiente para aceptarla como principio vital del surgimiento de la materia, reflejo aquí también lo que ocurre en el campo de la Genética, donde la constitución del ADN es otra muestra clara de tal suceso universal.

     Dos son los "pares de bases nitrogenadas" que dan realidad al ADN. Dos pares de moléculas que, guardando siempre el mismo modo de relacionarse entre sí, van dando lugar a lo que se conoce como la Doble Hélice o estructura del Ácido Desoxirribonucleico (ADN), la molécula de la herencia.

     Dos tipos de moléculas (las Purinas y las Pirimidinas) que adoptan dos tipos de enlace químico, dando así lugar a cuatro elementos diferentes. De las Purinas surgen la Adenina y la Guanina; y de las Pirimidinas surgen la Timina y la Citosina. Cada una de las moléculas de estos nuevos pares, se relaciona siempre con la misma del otro par, aunque puede invertir el orden en el que se muestra en la doble hélice. De esta manera, dan lugar a esa tetrapolaridad de la que vengo hablando en Física de la Luz y del Cerebro, ahora aplicada a la Genética.

     En ambos enlaces entre Adenina y Timina, y entre Guanina y Citosina, intervienen los mismos elementos químicos. Por una parte la secuencia Ade.< C-N-H-O-C >Tim., y Ade.< N-H-N >Tim.; y por otra Gua.< C-O-H-N-C >Cit., y Gua.< N-H-N >Cit.

     Esta inversión de orden entre los polos de cada par de bases, es lo que quizás influya en el sentido contrario de circulación que tiene cada una de las dos hélices (lo muestran las flechas), a pesar de la inversión de posición que cada par de bases puede tener con ambas hélices. Hélices que están formadas por moléculas alternativas de azúcar (desoxirribosa)(5C-O-7H) y de fosfato (P-4O), unidas por enlaces covalentes, y que constituyen la parte externa del ADN.

     De los pares de base, es un átomo de N quien se une a los azúcares, a través de un átomo de C de éstos. Otro de los átomos de C del azúcar es quien se une a uno de O del fosfato.

     Hago constar aquí estos detalles químicos, simplemente para dejar anotadas algunas observaciones sobre éstos, por lo que en un futuro puedan estos datos aportar luz a cuestiones sobre el particular, que pudieran vincular a cada base a factores concretos de las cuatro dimensiones que considero sobre el ser humano.

     A este respecto, de la Adenina destaca su vínculo a N, en primer lugar, y en segundo plano al H. De la Guanina destaca su vínculo primario al O, y secundario al N. De la Timina, el primario al O, y los secundarios al O y C. De la Citosina, el primario al N y el secundario al O. Denotan pues, motivaciones claramente diferenciadas.

     Sobre esto concreto lo siguiente: Citosina y Guanina se relacionan con la dimensión del N (pensamiento) y del O (sensorialidad). pero en sentidos inversos. Timina con la del C y O (material-sensorial), y la Adenina con la del N e H (mental-extrasensorial).

*****
*****

Y por último, contemplemos también, no ya en sí los factores de Polaridades básicas, aunque también en esto existan, sino el otro factor que he expuesto en la física de la luz, de valores de simetría axial y no de simple linealidad en los procesos de formación de las estructuras vitales.

     Me refiero aquí a las estructuras atómicas de los diferentes elementos químicos que componen la tabla periódica.

     Son siete los niveles diferentes de energía en los que pueden situarse los diferentes electrones de esos elementos. De esos niveles se dice que a partir del quinto no se completan, respecto a lo que expresa la fórmula del contenido máximo posible de electrones a tener [ 2 x (n2) ], (n2 expresa el número del nivel al cuadrado), pero esto sería si la base de formación de esos siete niveles fuera lineal, es decir, progresiva ascendente conforme aumentamos de nivel.

     Pero no son esas las intenciones de la Naturaleza, a pesar de existir la serie de elementos conocidos como actínidos, en los que su quinto nivel parece pretender "completarse". Estos elementos, conseguidos artificialmente a partir del siguiente al Uranio, muestran todos ellos su gran tendencia a la desintegración. Tendencia a la desintegración que comienza ya en el elemento primero que ha alcanzado el mayor índice de simetría en sus diferentes capas, el Radio.

     Esta tendencia a desarrollar estructuras de simetría entre sus diferentes niveles de energía, a partir de cuyo logro se inicia una fuerte tendencia a la desintegración, en base a la cual se generan elementos de notoria estabilidad (primero y último de los gases nobles, como fruto de la desintegración del Radio), muestra una correlación ascendente-descendente (es decir, simétrica axial) entre los diferentes niveles, que tienden a dar lugar a la siguiente escala:   2 - 8 - 18 - 32 - 18 - 8 - 2, y no a lo que expresa la fórmula antes mencionada, que daría 2-8-18-32-50-72-98.

     La lectura de esa correlación de simetría axial sería la siguiente, en orden a las polaridades que contendría, que es como hay que considerar toda estructura material.

* Primer nivel:    Una unidad de Una Polaridad:                  1 x 2 =       2 electrones.
* Segundo nivel:  Dos unidades de Dos Polaridades:           2 x (2 x 2) = 2 x 4 = 8 electrones.
* Tercer nivel:    Tres unidades de Tres Polaridades:          3 x (3 x 2) = 3 x 6 = 18 electrones.
* Cuarto nivel:    Cuatro unidades de Cuatro Polaridades: 4 x (4 x 2) = 4 x 8 =      32 electrones.
* Quinto nivel:    Tres unidades de Tres Polaridades:         3 x (3 x 2) = 3 x 6 =  18 electrones.
* Sexto nivel:      Dos unidades de Dos Polaridades:         2 x (2 x 2) = 2 x 4 =  8 electrones.
* Séptimo nivel:  Una unidad de Una Polaridad:                  1 x 2 =        2 electrones.

- - Subir - -


Angel Baña