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TABACO  Y  ACTITUD  MENTAL

Pretendo en este documento mostrar el efecto que el TABACO tiene
en las posibilidades de nuestra actividad mental.
No será la tradicional llamada de alerta para lo orgánico, sino para lo que es la "toma de conciencia" de nuestras realidades vitales, de lo que cotidianamente tenemos que ir afrontando.


Para ello, voy a iniciar el tema con el análisis de lo que fue originando la función respiratoria:
El desarrollo del Pensamiento, a través de lo que es la Corteza Cerebral.
Y también con un poco de información de lo que son algunas funciones cerebrales.

La imagen anterior muestra lo que ha sido el proceso de aparición y desarrollo del cerebro exterior (telencéfalo), constituido por la Corteza Cerebral, lugar donde se va acumulando toda la experiencia que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida, a partir de la cual evoluciona nuestra mente, y con ella nuestras aptitudes y comportamiento.

También es responsabilidad de la corteza cerebral, las respuestas mecánicas tanto del movimiento corporal en general, como de la articulación del lenguaje.

La aparición de los sentidos sobre la estructura vegetal es lo que dio lugar a la aparición de lo Animal, y con ello al sistema nervioso central. Pero uno de los sentidos, el Olfato, marcó una pauta fundamental en el desarrollo de la estructura cerebral, y fue que, a partir de lo que empezó siendo un simple bulbo olfatorio, fue dando lugar a lo que hoy ha tomado protagonismo principal para la articulación de la condición humana, el Córtex Cerebral, que con la suficiente lateralización (horizontalización y exteriorización) de sus Lóbulos Temporales ha dado pie al discernimiento.

En la primera figura vemos cómo la intervención del Bulbo Olfatorio va haciendo crecer el área de la Corteza Cerebral, que poco a poco irá cubriendo o casi envolviendo a los demás elementos cerebrales (Diencéfalo, Mesencéfalo y Cerebelo), como van mostrando las otras dos figuras.

El Bulbo Olfatorio irá menguando, como muestran las figuras, hasta quedar reducido a una mínima expresión, pero no por ello dejará de desempeñar su papel de puerta de estimulación de los desarrollos de la Corteza Cerebral. Y hasta tal punto es así, que su no intervención, por excesiva o constante función respiratoria por vía bucal, impedirá la posibilidad de intervención de aquella, con los consiguientes problemas en las facultades de racionalización y de comunicación que se asientan en la misma

La genética personal que hereda cada individuo, o lo que podemos expresar como el Instinto Personal, se asienta en los núcleos cerebrales del diencéfalo, desde los cuales se inducirá la formación específica de las áreas de la corteza cerebral que caracterizarán a la personalidad en cuestión. Estructuración específica que no conlleva las posibilidades de utilización de esas áreas, pues éstas van a depender de la condición fisiológica corporal, desde la cual van a recibir los estímulos oportunos.

En otras palabras: En el Diencéfalo (corazón de núcleos cerebrales) se asienta el Instinto personal. Éste influye en la cualidad de desarrollo que tomará el Telencéfalo (CC). Pero las posibilidades de expresión de esta cualidad de la C.C. , va a depender de la condición fisiológica corporal.

Los Lóbulos Temporales se han desarrollado de forma especial en el reino animal a partir de la liberación de los brazos como elementos de desplazamiento corporal, y aún más en la habilidad de diversidad de movimientos y sensibilidad o tacto añadida a éstos. Siendo así cómo el lóbulo vinculado al brazo derecho (lóbulo izquierdo), suele ser generalmente de más complejidad (mayor desarrollo) de circunvoluciones y contenido neuronal que el correspondiente al del brazo izquierdo.

El lóbulo izquierdo, generalmente, presenta además mayor signo evolutivo en cuanto a lo que significa su más marcada lateralización, que consiste especialmente en mayor horizontalidad. En la figura 3, la línea de puntos que delimita la parte superior del LT, trata de representar lo que pudiera ser la delimitación del lóbulo derecho respecto del izquierdo de un mismo individuo, y nos sirve para apreciar la importancia de la ejercitación de los brazos, la de ambos, en el desarrollo de estas estructuras cerebrales tan transcendentes en la condición humana.

Ejercitación que debe ser en la mayor diversidad posible de factores, tales como dinámica, coordinación, precisión, pulso, fuerza y sensibilidad. Por tanto, no se trata de que con una mano aprendamos a escribir y a valernos para los menesteres más habituales de la cotidianidad. Se trata de adquirir destreza en todos los aspectos posibles e, insisto, tanto en un brazo y su mano, como en la otra lateralidad.

Pero ¡cuidado!, que debe respetarse la ley de polarización axial simétrica que interviene en todos los procesos cerebrales (lo trato en el Tema de "zurdos, tartamudez y dislexia"), de que todo lo que se impresiona en un hemisferio, se impresiona también en el otro pero de forma inversa en lo espacial (en lo temporal no se generan condicionantes, y de ahí lo especialmente interesante de los aspectos auditivos). El doblegar los actos reflejos de una mano para con la otra, sin respetar la simetría que deben tener esos actos, trae consigo la creación de desórdenes estructurales en las células de la corteza cerebral que intervienen en ello.

En estas estructuras cerebrales se ubican las áreas fundamentales para el lenguaje, tanto con base en la escritura (a través de lo visual), como con base en lo auditivo. El lenguaje a través de la escritura tiene la dificultad de que sólo es útil en uno de los dos hemisferios, pues lo que por la ley de simetría axial se inscribe de aquel en ellos, sólo es decodificable desde el hemisferio que intervino en el aprendizaje (no pueden simultanearse). Pero lo auditivo, no sujeto a la unidireccionalidad en lo "espacial" (como sí la grafía del lenguaje o escritura), sino a una secuencia sólo en lo "temporal", la información de lo aprendido o percibido es recuperable desde ambos hemisferios.

Esta circunstancia de lo auditivo, llevado a los planes de Educación y Ciencia, si no se buscara de los individuos la práctica de la memorización, sino de la comprensión de todo aquello en lo que deban intervenir sus cerebros o mentes, daría lugar a una sociedad de más equilibrio emocional, de individuos con un racionalismo más humano y menos mecanicista y, en definitiva, de un ente social más evolucionado.

La comunicación ha sido el factor más transcendente de la evolución humana; sin embargo, se recurre al atosigamiento memorístico que impide el establecimiento de parámetros donde se pueda tener la posibilidad de ejercitar la dialéctica, a través de la cual se genera un potencial intelectual de muchísimo más alcance que a través de la escritura y la lectura.


Y ¿qué cuenta en todo esto el Tabaco?

Pues, si hablamos de lóbulos temporales y de estructuras cerebrales más evolucionadas, debemos indicar que éstas son las generadoras de "consciencia", es decir, de percepción de la realidad que nos circunda, a través de la cual evoluciona la estructura cerebral personal.

Ya dije que el “instinto personal”, inherente a la genética de cada individuo, se establece en los núcleos cerebrales del diencéfalo, y que la corteza cerebral interviene para ir añadiendo nuevos factores de entendimiento, para ir remodelando aquellas tendencias innatas de la persona; es decir, para reconducir los valores hasta ahora desarrollados.

Los lóbulos temporales precisan para su funcionamiento de una tasa importante de oxígeno, y cuando estamos en una atmósfera viciada, tienen dificultad de intervención en la mecánica cerebral del sujeto. No es que no podamos pensar, sino que lo que interviene de nuestra mente es simplemente nuestra capacidad genética alcanzada.

Con ella no está reñida ni la memorización ni el filosofar, pero sí y mucho el escudriñar en nuevos parámetros de entendimiento, en criterios fuera de nuestros esquemas personales; es decir, en aquello que venga con la posibilidad de aportar novedades a nuestros propios presupuestos. Y con ello también nos imposibilitamos toda toma de conciencia que pudiera hacernos ver lo improcedente o incorrecto de lo que afrontamos cada día, y es así como se nos hace más liviano el soportar nuestra realidad cotidiana.

Es, pues, aquí donde tiene sentido el tabaco, para nublar nuestra mente de tomas de conciencia que nos forzarían de alguna manera a enfrentarnos a lo que nos cuesta afrontar. Por eso vivimos más relajados con el tabaco. Nos permite vivir puramente desde nuestro instinto, desde el cual nos sabemos situar mejor en nuestras situaciones vivenciales, pues en el instinto personal están ya encajadas las incomodidades que ha generado nuestro modo de ser.

Pero hay otro elemento aún más importante en las necesidades biológicas de esas estructuras cerebrales. Se le da mucha importancia al Oxígeno, que lo es para la vida orgánica, para el sostén de nuestra realidad corporal, aunque lo es especialmente para la vida sensorial, en base a la cual se ha desarrollado el cuerpo como tal y sus sentidos, mas no así el proceso evolutivo intelectual, que ha precisado de modo especial del Nitrógeno.

Con el oxígeno estimulamos la vida sensorial, base de desarrollo de todo lo intelectivo, pero a grandes dosis emborrachamos la mente, que reacciona fuertemente con elementos nitrogenados (amoníaco por ejemplo). Sepamos en esto que un componente esencial de las bebidas alcohólicas es el Oxígeno, siendo así como éstas, por su concentración excesiva de este elemento químico, vienen a significar también otro elemento de inhibición de la conciencia, para dar más posibilidades de expresión a ciertos deseos emocionales.

Una diferencia muy notoria entre el Oxígeno y el Nitrógeno, es el calor o el frío que generan, respectivamente. Los sentidos se inhiben con el frío, mas la mente con el calor. Llevado esto último al tabaco, podemos saber el perjuicio que ocasiona la inhalación (además por vía bucal y no nasal) de un aire tan caliente (quemante), y que resta plenamente de él la tasa de nitrógeno que precisa esa intervención cerebral.

Nitrógeno que no debemos buscar a través de alimentos proteicos (nitrogenados), sino del aire, pues a través del alimento se potencia lo muscular, pero no lo intelectivo, factores éstos (intelecto y musculatura) que se encuentran en claro antagonismo cuando profundizamos con suficiente notoriedad en alguno de ellos, aunque si sabemos combinarlos "adecuadamente" nos pueden aportar un equilibrio psico-físico muy considerable, evitando polarizaciones extremas que distorsionan tanto al cuerpo como a la mente, restando al final la eficacia que buscáramos con cualquiera de ellos.

Sobre lo comentado pocos párrafos más arriba respecto de la capacidad que tiene el tabaco de nublar nuestra toma de conciencia, hay que añadir el que con ese nublamiento, nuestra sensibilidad personal interna se ve menos expuesta a las afecciones del mundo exterior que cotidianamente tenemos que ir afrontando (en lo familiar, laboral, social, etc.).

Y es aquí donde al tabaco hay que asociarlo con factores metabólicos, pues se dice de él que "adelgaza". Es cierto que sí influye en la fisiología corporal, pero especialmente por lo que el Tabaco se complementa con otros factores de protección a la sensibilidad emocional de la persona. Éstos son el Agua y las Grasas.

La tendencia a la ingestión de alimentos grasos, salvo los casos de necesidad de abastecimiento energético para trabajos físicos duros y prolongados, tiene su fundamento en la necesidad de protección de ese psiquismo emocional que fácilmente se vería afectado por las situaciones o circunstancias no gratas que constantemente nos acosan, si en nosotros está no afrontarlas en su crudeza natural. Y lo mismo las tendencias a retención de líquido que tan fuera de la línea puede poner a nuestra silueta corporal.

Cuando fumamos "lo suficiente", los demás elementos protectores psíquicos no tienen por qué intervenir, y entonces nos resultará relativamente fácil el no situarnos en la obesidad. Pero cuando dejamos el tabaco, el exceso de líquido o los elementos grasos -lípidos- tendrán que hacernos compañía, por mucho que nos esforcemos en que no sea así, pues es el subconsciente quien mueve nuestros aspectos fisiológicos, y él sabe de nuestra estructura orgánica y de lo que estamos dispuestos a afrontar en nuestros niveles de conciencia.

Con esto no estoy justificando al Tabaco, ni a la Grasa ni a las gorduras por retención de líquido, sino posibilitando una mejor toma de conciencia de por qué nos ocurren esas cosas en nuestras circunstancias corporales. Y también como orientación para que nos atrevamos a afrontar la realidad de nuestra vida, sin escudarnos en protectores que tanto limitan nuestras posibilidades de desarrollo en todos los órdenes de nuestro ser.

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Angel Baña